Ojos de Dragón
Puramente Slytherin — Chapter 1
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Prefacio
Se han dicho muchas cosas de mí. No podría contabilizarlas todas en tan poco tiempo, pero al final nada de lo que ellos digan importa. Nací en una familia pudiente e influyente, en un momento de calma y paz de la sociedad. Soy diferente, todos lo somos, pero no lo que mis padres hubiesen deseado de mi. Soy un poco pesimista y obstinada, pero nunca me detengo, ignoro si ha sido mi culpa o no, quizás si. Un error tras otro. No valgo nada ahora para ellos, los he decepcionado. No hubiese imaginado jamás lo que me esperaba y ojalá hubiese alguna forma de cambiarlo. No sabía la manera en que iba a ser engañada, como me enamoraría y que sentiría mi pecho quebrarse. Quizás hubieses visto una fotografía cuando era estudiante de Hogawrts habrías pensado que era una chica hermosa e inocente. Mírame otra vez. Sabes que no lo soy. Si pudieras verme por dentro, te horrorizarías y si supieras las cosas que he hecho no querrías volver a verme. Odio, venganza y artes oscuras. Ellos dicen que he robado la esperanza, que no tengo misericordia y que estoy perdida, ellos tienen razón. La conciencia sigue siendo un peso enorme. No te dejes engañar y quédate hasta el final. Esta es mi historia.
No voltees, no te trates de esconder, nunca cierres tus ojos, nunca duermas y no mueras jamás.
Puramente Slytherin
Donald Harrington se paseaba nervioso por la sala con mucha inquietud y pensativo. Miraba a través de la ventana atento a cualquier eventualidad, su cabello rubio oscuro era espeso y sus ojos grandes de color ámbar parecían fijos en la nada. ¿El motivo de su inquietud? Su esposa iba a dar a luz a un hijo aquella tarde. Sus tres hijos esperaban intranquilos en la sala junto a él y en silencio: Ralph tenía 12 años con su cabello castaño y ojos café, con una contextura fuerte, Tim de 10 años llevaba un cabello rojizo, era bastante alto para su edad y ojos grises, mientras que Kyle de 8 años tenía ojos verdosos y su cabello era oscuro. Ellos vivían en la mansión Harrington, antigua morada familiar que databa de muchos siglos atrás y era una de las más lujosas edificaciones que hubiese en aquellas colinas. Podía ser comparada con la de los viejos Malfoys, cuyos inmensos jardines y terrazas la habían convertido en envidia de muchos muggles y magos. Corría el mes de Agosto del año 1960. De repente una de las enfermeras llegó al encuentro de los varones que esperaban ansiosos.
- Ha nacido, ha nacido. Es una niña Señor Harrington, una linda y preciosa niña. – La enfermera volvió a la habitación y se pudieron escuchar los sollozos de una pequeña.
- ¿Una niña? - Donald y los tres chicos entraron a ver a la nueva habitante de aquella casa. Al entrar a la habitación vieron a la Sra. Harrington, Janice quién aquella tarde lucía cansada pero contenta, su cabello era negro y sus ojos cafés no se separaban de la recién nacida.
- Janice, hiciste un excelente trabajo. – Dijo Donald mientras tomaba en sus brazos a la recién nacida.
- Papá, déjanos verla. – Decía el pequeño Kyle tratando de mirar a su hermana. Donald la puso en brazos de su madre nuevamente y sus hermanos la rodearon para verla.
- ¿Qué les parece? Tenemos a un nuevo miembro de la familia. – Janice Harrington acariciaba a sus tres hijos varones mientras les sonreía.
- ¿Cómo la llamarán? Mami, ¿como la llamarán? – Preguntó Ralph fijando sus castaños ojos en la bebita que tranquilamente resposaba en los brazos de su madre durmiendo, pero el ruido le hizo abrir los ojos. Era pequeña y mostraba un color pálido en la piel, tenía poco cabello negro y sus ojos eran grises.
- Pensaba que Amy era un buen nombre, ¿Qué dicen? – Dijo Donald buscando aprobación.
- Yo pensaba mejor, el nombre de mi abuela Donald, se parecen mucho. – Janice seguía mirando a su hija.
- ¿Florence? – repitió Donald mientras sonreía a un más – Es un buen nombre, chicos les presento a su hermana Florence.
- Florence Marie. – Janice repitió en un susurro.
La Familia Harrington gozaba de poder y eran de gran prestigio, sus antepasados habían sido Ministros o habían hecho leyes importantes, en el presente Donald Harrington trabajaba en un propio negocio, en conjunto con Gringotts. Eran la familia modelo, y aparentemente llevaban una vida promedio.
Aunque en realidad, Donald le gustaba controlar cada aspecto de su familia: los estudios de sus hijos, donde irían y donde podrían trabajar. Florence creció en aquel ambiente estricto y aunque era la menor de sus hermanos, muchos temores de Donald le hicieron mantener atención y disciplina en su hija. Era la primera mujer que naciera de los Harrington y aquello le causaba constantes preocupaciones, malos presentimientos y temores. El había escuchado en antiguas historias familiares que la primera mujer en su familia traería grandes desgracias, además de cambios y anunciaría el inicio de una guerra, viejas profecías que no se atrevía a pensar y que al mismo tiempo le causaban inquietud.
Su hija era hermosa, al menos él lo pensaba y aunque era bastante reservada, Donald estaba dispuesto a hacer lo mejor para su futuro (al menos a su criterio). Todos los padres saben que sus hijas son virtuosas y para evitar cualquier percance, era mejor prevenir que lamentar.
- Florence Marie, ven aquí. – Dijo Donald con autoridad en una reunión un domingo de verano. La niña de 6 años de edad avanzaba en silencio hacía su padre y al llegar a él le dio una pequeña sonrisa.
- Hola Florence, tu padre me ha hablado de ti, estas mudando dientes, ¿no? Quiero que conozcas a mi hijo, James. – Dijo John Potter con una sonrisa, presentándole a su hijo a la chica. Florence lo examinó con cautela los primeros segundos y luego asintió. Ella era un poco tímida, y era muy desconfiada. James tras varios momentos había salido corriendo a jugar con otros niños.
- Es una niña hermosa tu hija. – Dijo John sonriendo a Florence quién no dejaba de mostrarse seria, la pequeña nunca estuvo cómoda con aquel tipo de halagos y además la timidez le invadía cuando le dirigían la palabra los adultos. Modales, nunca mostrar tus debilidades y nunca llores, era lo que su padre le había inculcado. Mucha disciplina para evitar que se descarriara. Florence miraba el piso y sujetaba entre sus manos a una muñeca de trapo, la sujetaba mientras su padre la abrazaba y la observaba.
- Janice y yo tenemos grandes expectativas. Es la menor. – Dijo Donald mientras acariciaba el cabello negro de Florence. – Ya sabes cómo es nuestra familia… ella irá a Hogwarts.
- James también. Es la mejor escuela. Dumbledore es nuestro viejo amigo. – Dijo John brindando, mientras Donald se unía el brindis. Florence caminó de vuelta a la casa, algo más tranquila al volver a su habitación. Dejó su muñeca a un lado y buscó en su cajón de juguetes algunos carritos.
Sus hermanos habían ido al colegio de magia y hechicería Hogwarts y solo los veía en verano o en Navidad. Pero ya con el paso de los años Ralph y Tim e habían graduado y se habían ido de casa a hacer sus vidas por su cuenta. Parte de su infancia, a Florence le tocó vivir entre adultos, pero siempre inseparable cuando Kyle su hermano estaba en casa de vacaciones.
- Florence, el próximo año te toca a ti. ¿Qué te parece? Iras a una escuela a aprender mucho sobre magia, estaremos orgullosos de ti – Dijo Janice con mucho cariño mientras se despedían de su hermano Kyle en el anden 9 ¾. Florence volteó a saludarlo y corría por la estación buscando a su hermano quién estaba conversando con algunos amigos, este sería el último año de Kyle. Mientras correteaba se tropezó con un chico muy mayor.
- Fíjate por donde vas, niña – Dijo el chico de cabello rubio platino y ojos grises, pero muy diferentes a los de ella. Florence se le quedó viendo como si tuviera un extraño presentimiento, el chico debió darse cuenta porque la miró, pero la miró de una manera penetrante como nunca alguien la hubiera visto ¿qué habría visto?, Florence se sonrojó y salió corriendo tras sus padres.
- ¿No vas al colegio? – Dijo el chico, tendría 17 años.
- No – dijo ella deteniéndose en seco y mirando tímidamente. – Próximo año.
- Espero que quedes en Slytherin, es la mejor casa. Lucius Malfoy. – Lucius extendió su mano, pero Florence no sintió confianza suficiente para estrechar su mano con aquel completo extraño. Malfoy levantó su mirada hacía sus padres y Florence supuso que la había reconocido. – Ah, Harrington.
Florence corrió, aquel chico la hacía sentir incomoda, se sentía afortunada de que no iba a volver a verlo. Sus padres la tomaron de la mano al verla y se fueron a casa.
- Mamá, ¿Qué es Slytherin? – Dijo Florence mientras caminaban por una calle muggle de Londres.
- Es una casa de Hogwarts. Pero tus hermanos están en Ravenclaw, yo estuve en Ravenclaw también. – Su madre la tomaba de la mano mientras cruzaban la calle
- Pero sería una pena que quedaras en Hufflepuff – Dijo sonriendo su padre
- Donald, mis hermanos y mi familia estudiaron allí. – Dijo Janice poniéndose seria.
- No importa, cada casa te ayuda a lograr tus objetivos. – Dijo Donald sonriendo relajado y queriendo apartar de su mente la pregunta sobre Slytherin, le daba un ligero escalofrío. - Todo depende a donde quieras llegar y depende de quien eres. Ya habrá tiempo para pensar sobre eso pequeña…
Al año siguiente llegó una lechuza con su carta de aceptación en Hogwarts. Su hermano Ralph que era mayor se había graduado ya y había viajado a Rusia, Tim había ido de intercambio luego de terminar en Hogwarts el año pasado, su nuevo hogar era en América, y su hermano Kyle se había graduado para encargarse de negocios familiares. Sus tres hermanos habían sido los mejores estudiantes de su clase y habían sido prefectos, ahora le tocaba a ella estar a la altura, probarse de lo que era capaz y aquello le hacía sentir una ligera presión. Quería lograr grandes cosas, tenía ganas de ser la mejor y de no decepcionar a sus padres, luego de oír tantas recomendaciones se fue con ellos el primero de septiembre a King Cross.
- Florence, vamos hija. Ánimos, nos veremos en Navidad, cuídate, no hagas travesuras, escríbenos - Dijo su madre mientras la abrazaba con lágrimas – y antes que abordes el tren, ¡Mira! quiero darte algo, el medallón que ha estado en la familia Harrington desde hace muchas generaciones, la madre de tu padre me lo dio, es un símbolo, como ya eres grande te lo daré. Las mujeres Harrington lo llevan con orgullo.
El collar era una cadena de plata con una figura de un dragón, brillaba pues tenía esmeraldas en sus diminutos en sus ojos, era pequeño pero muy bien conservado de plata muy brillante.
- Es un dragón – Dijo Florence frotando su nariz. – se ve temible. Es bonito, gracias mamá.
- Es el símbolo de nuestra familia, nunca te lo quites, consérvalo siempre contigo.
- De acuerdo – Florence abrazó a su madre y tomó su baúl, su padre le dio un beso en la frente. Su madre aun no podía dejar de llorar, tenía emoción quizás de saber que era su última hija que se iba de casa o que iba a empezar a estudiar.
- ¿Dónde estarán John y Elizabeth? – Dijo el Donald mirando su reloj.
- Allí vienen – Dijo Janice secando sus lágrimas
En ese momento venían una pareja, Florence sabía quienes eran, los había visto demasiadas veces, eran los Potter. El Señor John con su cabello grisáceo, era un hombre mayor de unos 50 años, con lentes redondos y mirada vivaracha, en cambio su esposa era algo más seria y joven, tendría unos 40 y tenía un cabello negro azabache como el de Florence, sus ojos avellana eran cálidos y arrastraba el baúl de su hijo. El hijo de los Potter, nunca lo había conocido bien, se imaginaba que se encontraba como siempre corriendo traviesamente con algunos de sus amigos. Antes de entablar una conversación con alguno de los Potter, Florence llevó su baúl y se alejó de su familia, despidiéndose.
Florence subió al vagón y se sentó en un compartimiento vacío. Allí miró a la ventana y se puso a examinar su varita, nervio de corazón de dragón, de madera de cedro y 28 centímetros, le parecía especial porque, todas las varitas eran únicas a su manera, pensó eso hasta que una niña de dos coletas entró.
- ¿Está ocupado? – La chica tenía los ojos verdes y el cabello rojo oscuro.
- No, no lo está. – Dijo Florence. La chica se sentó tranquilamente.
- ¿Eres nueva también? – Preguntó la chica
- Si, es mi primer año. Aunque mis hermanos ya habían venido. Soy Florence Harrington.
- Bueno, soy la primera en mi familia en venir, mi familia es no mágica, muggle, pero yo soy bruja. Fue bien tomado por mis padres, aunque a mi hermana Petunia no le causó gracia. Me llamo Lily, Lily Evans. ¿Quieres tomar Coca Cola? – La chica tenía una lata con un líquido oscuro que burbujeaba.
- ¿Qué es eso? - Florence miró con desconfianza. - No gracias, prefiero el jugo de calabaza de mi mamá. Mi mamá ha dicho que los muggles son diferentes a nosotros, pero básicamente somos iguales en algunas cosas y que son imprescindibles.
- … Maldito Potter, vuelve acá. Niñito Ricachón, te mandaré al infierno. – Una voz se escuchó del pasillo y un chico de gafas y cabello negro apareció en su compartimiento y se ocultó.
- No le digan donde estoy por favor – Dijo el chico tras la puerta. Pero a los instantes aparecieron 5 chicos.
- ¿Han visto a un gallina corriendo por aquí? Debemos acabarlo – Dijo un chico de un grado mayor de la casa Slytherin, junto a tres chicos más que aun no habían sido seleccionados.
- Allí está, démosle una lección. – Dijo un chico de la misma edad y que al igual que ellas era nuevo, sacando una varita.
- No, déjenlo en paz. – Dijo Lily interviniendo con autoridad.
- ¿Tu quien eres? – Dijo uno de los chicos, era de rostro cetrino, nariz ganchuda, ojos negros y cabello negro grasoso.
- Lily Evans, déjenlo en paz. Son ustedes grandes contra el solo.
- No te metas, no había oído tu nombre antes. ¿De donde son tus padres? – El chico de cabello grasoso lo miraba feo.
- Mis padres son muggles – Lily lo miró algo asustada.
- “Sangre sucia” – Dijo un chico detrás de ellos.
- ¡Wilkes ten cuidado! – Dijo el otro chico que los acompañaba, que tenia aspecto de rata mal alimentada. – No está sola.
Florence se levantó con su varita y lo apuntó. Básicamente esto era un error, porque ella no sabía ningún hechizo y no era diestra con la magia aun, cielos, para eso iba a Hogwarts.
– Váyanse de aquí antes de que se arrepientan. – Dijo Florence queriendo sonar valiente. Los chicos miraron a Florence con curiosidad ya que se había levantado de repente.
- ¿No serás también tu una sangre sucia? – Dijo el chico de nariz ganchuda mirándola con desagrado.
- ¡Callate Snape!, ella es una Harrington. No digas mucho o si no toda su familia te mandaría a Azkaban sin excusa.
- Así que tenemos otra hija ricachona, ¡que sorpresa! – Snape se acercó a ella mirándola fijamente con desprecio.
- ¿Quién eres tu? – Florence lo miró con intenso odio.
- Severus Snape, un placer de conocerte. – Snape hizo una sonrisa fingida y miró a James. – Potter, te salvan esta vez las chicas. Cuando aprendas a ser hombre podrás enfrentarnos.
- Pegoste, deberías lavarte el cabello. – Florence avanzó con intensa rabia como nunca antes, su frente estaba roja y su varita temblaba en frente de ellos.
- Eso ya lo veremos – Snape hizo aparecer un humo negro. Florence avanzó y como no sabía hacer ningún hechizo lanzó chispas, los chicos rieron pero ella lanzó un chispazo que le empezó a quemar la túnica a Snape, los demás se asustaron y Snape logró apagarlo a tiempo.
- Pagarás por esto. – Snape parecía molesto. Dicho esto, los chicos se fueron y el chico de gafas se adelantó.
- Gracias. No me caen muy bien. - Dijo James observando el pasillo del tren.
- Mi nombre es Lily Evans, ¿Tu quien eres? – Preguntó Lily con curiosidad.
- Soy James Potter. Gracias Lily y Florence, creo que tus padres conoce a los míos. ¿Eh? – Le dijo James a Florence mientras ella se volvía a sentar. Otro chico llegó luego, tenía cabello negro y ojos claros.
- James, vámonos de aquí. Pensé que te habían molido. ¿Quién fue?
- El imbécil de Snape, un chico nuevo también. – James se explicaba. Mientras que si amigo murmuraba maldiciones e insultos.
- No importa, ya podremos planearles una buena broma al llegar al colegio. Venga hermano, que ya tendremos nuestro momento.
- Ya voy, Sirius. Me asusté porque ellos saben de artes oscuras y no son muy simpáticos. – Dicho esto James se fue con su amigo Sirius.
- Vaya, ya comenzamos con los problemas. Lo recordaré para siempre, mi primera pelea. –Florence había sonreído con malicia. – A mis padres no les va a gustar.
Las dos chicas salieron con sus túnicas ya cambiadas y al llegar a la estación de Hogwarts, encontraron las balsas donde los de primer año debían abordar para llegar al Castillo, el guardabosque Ogg los dirigió y se montaron en un bote. Un chico de cabello marrón y otro gordito se sentaron con ellas.
- Estoy nerviosa, he leído mucho de Hogwarts. – Dijo Lily acomodándose el uniforme.
- Miren, el castillo. – Dijo el chico de túnica vieja, su cabello era marrón, se veía algo enfermo pero muy alegre. - ¿Lo has visto Peter?
- Si – Dijo el gordito llamado Peter poco entusiasmado. – Remus, ¿te he dicho que me dan miedo las balsas y viajar cerca del agua?
Al llegar a la puerta del vestíbulo, Florence estaba eufórica y con el corazón en la mano, eran sus primeros minutos en su nuevo Colegio. Vio de nuevo el chico de cabello negro y nariz ganchuda, Snape, le dedicó una mala mirada y fue correspondida. El chico que había viajado con ella por bote le dijo
- Jamás pensé que vendría a Hogwarts. – Dijo el chico - ¿Tu? ¿De donde vienes?
- Yo soy Florence Harrington, vengo de Londres, de las afueras, una de las pequeñas aldeas.
- ¿Bromeas? – Dijo le chico – Soy Remus Lupin, tu mansión es la más grande toda la zona, eres una Harrington.
- No es gran cosa. – Dijo ella callando algo fastidiada que otra vez alguien la lograra ubicar sobre su ascendencia. ¿Y si solo fuera Florence a secas? Bah. En ese momento entró una mujer en sus 40 años, cabello negro, entrando con un moño apretado y un pergamino. Era la Profesora Minerva Mc Gonagall, los llevó al Gran Salón y se paró frente de los alumnos de otros cursos, allí estaban los profesores y entre ellos un gran amigo de su padre: Albus Dumbledore.
Fueron pasando a los alumnos por nombre, primero pasó Lily Evans y ella nerviosa se sentó en el taburete y le pusieron el sombrero seleccionador. Su amiga había quedado en la casa Gryffindor, que tenia un estandarte con un león. Volteó y vio a otros alumnos pasar, pensó en lo que le habían dicho sus padres, ¿en que casa quedaría? Pensó en Ravenclaw la casa con el estandarte del águila, alumnos inteligentes y estudiosos. Toda su familia había quedado en Ravenclaw. Quizás quedaría con su amiga Lily en Gryffindor casa de valientes, o como la familia de su madre en Hufflepuff la casa con un hurón, donde iban los nobles, pero en Slytherin… aquel chico llamado Lucius Malfoy le había dicho que tenía madera para ser Slytherin, pero ¿Qué sabía aquel chico de ella? Como si pudiera saberlo tan solo mirándola. Slyhterin la casa con una serpiente, los ambiciosos terminaban allí. Salió de sus pensamientos cuando oyó su nombre
- Harrington, Florence. – Unos cuantos alumnos murmuraron, sus hermanos habían dado buena fama a su familia, al igual de que inevitablemente sus padres eran ricos y no iba a pasar desapercibida. Florence se sentó en el taburete con timidez tratando de mantenerse serena y el sombrero seleccionador le hablo a su oído.
- Otra Harrington más, eres inteligente como tus hermanos, puedes llegar muy lejos… astuta, deseos de mostrar que vales, valiente, ambiciosa y apasionada. Podría ponerte en Gryffindor, aunque tienes muchas cualidades de Slytherin.
- ¿Slytherin? – se repitió así misma, nunca se había planteado esa posibilidad en serio.
- Podrías tener un camino diferente y Slytherin te ayudaría con el camino a la grandeza y el reconocimiento, sí, creo que sí, estoy seguro… SLYHTERIN
Hubo aplausos pero Florence aun pensaba lo que el sombrero le había dicho. ¿Camino a la grandeza? ¿Reconocimiento? Quizás, si tomaba en serio eso de los libros podría lograr un buen record y rendir. Volteó a ver mientras se sentaba en la mesa de Slytherin, el chico de cabello grasoso tenía la cara asombrada con una mueca de disgusto.
- Por lo menos no quedé en Hufflepuff – Se dijo así misma Florence – Papá estará orgulloso por eso.
- Bienvenida – Dijo una chica rubia y alta, de ojos azules con una sonrisa – Me llamo Narcisa Black y soy prefecta. En un rato, le indicaremos a todos los nuevos donde queda el dormitorio.
- Eh… bueno. ¿Gracias? – Dijo Florence mientras observaba como pasaba James Potter al taburete, ella no pudo evitar sonreírle sintiendo la necesidad que fuera sorteado en Slytherin también (Quizás con el vago deseo de compartir con él, era un chico con carisma). Pero no fue así, fue escogido a Gryffindor junto al chico de aspecto enfermo llamado Remus Lupin, el gordito llamado Peter, su amigo de cabello negro Sirius y junto a su amiga Lily, esto le hizo sentir un tanto solitaria, los que habían conocido momentos antes estaban en otra casa y lo peor vendría en momentos.
- ¿Estas conciente que somos la mejor casa? Siempre ganamos en todo, la copa de Quidditch fue nuestra el año pasado – Dijo Narcisa sonriendo – Mi novio era parte del equipo, lástima que se fue. Lo extrañaré
- Bueno… eso pasa. – Dijo Florence sin saber que agregar.
- Hola me llamo Eileen Jordan, que nervios. – Una nueva chica de piel oscura y cabello negro se sentaba en la mesa de Slytherin a su lado. Florence asintió por cortesía. - Mi madre también quedó aquí en Slytherin, pero mi padre era de Gryffindor, quien sabe como se lo tomen en casa…
- Soy Florence. – Pero algo la hizo estremecerse, el chico de cabello grasiento pasaba al taburete, por un momento contuvo la respiración. “¡Que vaya a Hufflepuff!, no quiero estar cerca de él, ¡Qué vaya a Hufflepuff!”, se repitió a ella misma en silencio, pero el chico con mala cara fue designado a Slytherin también. Sus amigos también fueron con él. Estaba a pocas sillas de ella y ella estaba enojada de tenerlo en la misma casa que ella, era insólito. Nadie la iba a llamar niña ricachona con desprecio en sus narices, pero se olvidó de eso cuando empezó el banquete, su jefe de casa, era el Profesor de Defensa contra las Artes oscuras llamado Rufus Blaise, un hombre calvo cuyo aspecto era de temer.
Al terminar de cenar, Narcissa los llevó por las mazmorras de vez en cuando conversaba con una alumna nueva, eran diferentes pero por lo que supo después era su hermana. Las mazmorras eran el lugar más frío que había en todo el castillo, era oscuro y había una decoración bastante simple, en una pared había una gran serpiente plateada de aspecto temible, allí estaba la sala común, decorada de color verde oscuro. No tuvo tiempo de contemplarla, subió a su dormitorio, allí compartía cuarto con 4 chicas, Eileen Jordan, Dana Rookson una chica de cabello castaño y ojos color azul, muy pecosa y algo rellena, Morgana Zewell chica alta y elegante de piel pálida y cabello oscuro, la hermana de Narcissa y Tara Ustinov que era pequeña y delgada, de origen ruso, ojos azules y cabello rubio platino.
- Así que, al fin la espera terminó y ahora estamos en Slytherin – Dijo Eileen tratando de romper el hielo – me han dicho que de esta casa salió el mago Grindelwald, en fin, muchos magos tenebrosos.
- Es cierto, los magos tenebrosos al igual que nosotros tenemos la determinación y la ambición, cueste lo que cueste ¿No es así? – Morgana afiló rápidamente una respuesta, mientras sonreía fríamente hacia las demás buscando aprobación. Florence se sintió en un lugar donde no pertenecía, ¿magos tenebrosos? ¿De dónde había salido aquello? Solo pensarlo le daba miedo, ¿será que aun podría abordar el tren de regreso a casa?
- Mi padre me ha dicho que Tom Ryddle fue un alumno modelo, estudió en su época. Logró ganar un premio de servicios especiales y era de Slytherin. – Dijo Dana. – tú, la del cabello negro, ¿tienes algo que decir?
- No – dijo Florence a secas había sido interrumpida de una cadena incoherente de pensamientos y se sobresaltó, miró de frente y todas retrocedieron ante su audaz mirada, muchos antes lo habían hecho y ella no entendía porque, apenada miró hacía el suelo rápidamente, ellas estaban aterrorizadas ¿Qué había sido aquello? – creo que estoy cansada, voy a dormir.
- ¿Eres una Harrington? ¿Qué hace una Harrington en Slytherin? ¿Se te perdió dinero? – Dijo Morgana riendo de manera burlona seguro aquella chica llamada Morgana había estado hablando con Snape y sus amigos, ¡genial! Pensó Florence aburrida. Ella respondió secamente.
- No, pregúntale al sombrero seleccionador porque me puso aquí. Buenas noches. – Cerró sus cortinas y se acostó a dormir, oía detrás a Eileen.
- Vamos, no sean tan duras. Todas somos nuevas aquí.
- ¿Saben con quién hablé en el tren? – Morgana seguía hablando. – Con Severus Snape, sabe de artes oscuras, es un experto. Nos será útil en Slytherin. Me parece increíble, mi padre nunca me dejó aprender eso.
- Si, y apenas tiene 11 años como nosotras. – Eileen volvía a intervenir. – Un chico aplicado, vaya que sí.
- No tiene nada que ver, si te gusta algo, nada te va a impedir llegar hasta ello. – Dijo Dana, y se escucho un “si” por parte de Tara quien desempacaba y bostezaba. Florence no supo más y cayó profundamente dormida.
Eso era lo que más recordaba Florence de su inicio en Hogwarts, eso y su primera clase, fue terrible, Snape le había cortado un mechón de pelo y ella se había puesto a llorar en el pupitre mientras el profesor Blaise explicaba como se debía defender de una Banshee. Se llevaba mal con el chico y con su pandilla, el episodio en el tren no había sido olvidado, todos estaban en la misma casa que ella. Era una pesadilla.
- Hola Florence – Dijo James cuando entró a Pociones, tenían doble clase - ¿Que cuentas de nuevo?
- No mucho. – Ella se sentó detrás de él sonriendo. – Me gustan las clases de vuelo de escoba y transformaciones, es genial.
- ¿Quieres un pastel? – James sacó de su capa una tarta de manzana – Mi madre las hace.
- No tengo hambre. ¿Dónde está Lily? – Preguntó Florence buscando con su mirada en el aula.
- Debe estar por llegar, no nos llevamos muy bien que digamos. Odia mis bromas, me dice que soy un caprichoso ricachón, solo porque la asuste con mi capa invisible.
- ¿Tienes una capa invisible? – Ella se encontraba fascinada por aquello.
- Si, son caras. Mi padre me la dio en Navidad, fue de mi tatarabuelo y mucho más allá.
- ¡¡JAMES!! – Era su amigo Sirius - ¿QU… HACES CON UNA SLYHTERIN?
- Hola Sirius, no te alarmes. Ella es la que me salvó el primer día de las garras del pegoste entrometido. Es Florence Harrington.
- Cuida tus palabras, Potter. – Snape venía detrás junto a su pandilla quienes miraban recelosos. – Que asco me da compartir la misma sala común contigo Harrington. Cualquier día te veo haciéndole el desayuno a Potter, ¿acaso eres su novia?
- ¿Acaso te da celos? – James lo calló en el momento. Florence miraba aburrida, Snape le parecía un estorbo y un odioso, además que no desperdiciaba una oportunidad para hacerle sentir mal.
- Solo a ti se te ocurre, insultar a gente de tu propia casa – Sirius empezó a reírse – Tal vez para Navidad te envíe un inodoro, especialmente para ti. Para que te pongas en la taza y tires la cadena.
Una carcajada sonó por toda el aula, y Florence tenía la cara roja, otra vez problemas con aquellos chicos, veía venir un enfrentamiento. Snape la maldijo mientras iba con su amigo Ivan Lestrange. ¿Sería esto más soportable? Se suponía que su casa debía ser unida y luchar por ganar puntos y la meta común era ganar la Copa de las Casas. ¿Por qué Snape tenía que tenerle ojeriza? ¿Habría sido un error enfrentarle sin tener ningún conocimiento? Además él sabía muchas maldiciones oscuras. Florence suspiraba mientras hacía anotaciones en clases.
En Navidad no ocurrió lo del inodoro, puesto que solo unos cuantos se quedaron, todos habían ido a pasar la Navidad en casa de sus familias, todos menos Florence. Desde que había quedado en Slytherin había notado un desánimo de parte de su familia. Su madre siempre la animaba pero su padre se mostraba un tanto decepcionado en la forma de escribir las cartas, como si creyera que su hija fuera a hacer algo indebido, como si hubiese sido una desgracia como si la familia estuviese en pena por ello. Su padre Donald con la excusa de ir a visitar a Tim en América le dijo que no podía ir a casa para Navidad. Ella lo veía de esa manera, sintiendo que necesitaba algo de compañía, extrañaba a su madre y allí estaba, en un lugar donde no estaba cómoda. La víspera de Navidad la pasó completamente sola, mientras lloraba en un pasillo de la sala común, tenía frío y se sentía mal, como nunca antes y afortunadamente nadie la iba detener de llorar lo que quisiera. Un bulto tropezó con ella y calló al cuelo.
- ¡Maldita sea! – Florence levantó la cabeza y vio a Snape tumbado en el suelo. ¿Qué podría salir peor? - ¿Qué haces allí Harrington?
- Nada, déjame sola. – Florence metió su cabeza entre sus rodillas.
- ¿Ahora eres una llorona también? esa no me la sabía. – Snape sonreía al verla, y eso le daba mas rabia a Florence, se levantó y se dirigió a marcharse.
- ¿No me vas a contar? – Snape la miraba detenidamente, - ¿o tendré que aplicarte veritaserum, la poción de la verdad?
- ¿Para que te burles de mi? No gracias. Déjame en paz Snape. - Dijo Florence con su voz quebrada.
- No me voy a burlar, no te puedo hacer mucho, somos compañeros de casa después de todo. Por cierto ¿cómo sigue tu mechón de cabello? – Lo había dicho con el tono más cínico posible.
- Muérete Snape, no sabes cuanto te odio.
- ¿No tendrá que ver con que tu familia te tiene olvidada? Es cierto, te tienen como a una miserable, ¿ya no te dan dinero? ¿La ricachona ya no tiene todo lo que desea?
Pero Florence no pudo aguantar y rompió a llorar, Snape por primera vez se asustó frente a ella, no se esperaba aquella reacción. Tanta vulnerabilidad no parecían propia de aquella chica que apenas hablaba en clase y apenas socializaba en horas libres. Se acercó a ella y ella le respondió con un puñetazo.
- Vaya, que si eres dura de tratar, insolente.
- Nada bueno me puedo esperar de ti, imbécil. Estoy acostumbrada a las durezas de la vida. – Florence no podía evitar temblar de furia.
- Con que es eso, tu familia es muy dura, pobrecita. Lloremos todos.
- Mi padre siempre ha sido bastante duro y le gusta la disciplina. Pero ahorita sé que mi padre siente vergüenza que yo esté en Slytherin. No lo dice, pero sus cartas se sienten frías y lejanas. Me ignora o algo peor…
- Ja, no conoces nada de la vida dura, Harrington. Mi padre es experto en malos tratos. Pero mi madre me manda emparedados para compensarlo, que por cierto saben horrible. Ellos pelean mucho, estoy seguro que mi padre odia a mi madre y viceversa. A donde quiero llegar es que no necesito una familia, solo me tengo a mí y eso me basta. Tómalo como un consejo si quieres.
- ¿A que se debe ese consejo? - Preguntó Florence con lágrimas en sus ojos aun.
- No se, estamos en Navidad y quería hacer una obra por lástima, ayudarte es una de ellas. – Snape sonaba tan duro, como pegarse de frente con un muro de piedra de las mazmorras.
- No eres fácil de tratar. – Dijo Florence obstinada en un suspiro.
- Se llama sobrevivir. Tú no sabes sobre la vida dura. Mi padre es un imbécil, mi madre es sumisa y lo acepta. Realmente me han dado "todo", incluyendo algunos golpes muy duros, pero no les importo, no existo y realmente poco les importa lo que piense o como me sienta. Esa es la realidad de la vida… no hay un lado positivo.
- ¿Nunca te han amado?
- Patrañas. – Silbó Snape. - ¿Acaso tu si has sido amada?
- Si, por mi familia.
- Claro, si así es el amor… tan preferencial y condicional, prefiero que no me ame nadie. ¿Aun me odias?
- Un poco
- Más te vale, pequeña enana. Si me disculpas, tengo mejores cosas que hacer. – Snape se había ido con furia y Florence se sentía mejor, no sabía si por aquella conversación o porque sabía que había gente mas miserable que ella en el mundo. Cuando comenzaron las clases las cosas siguieron igual, aunque Snape ya no se metía con Florence. Incluso se trataban de tu y se saludaban con frecuencia, pero a escondidas.
A Lestrange y a Rosier aun les gustaba molestarla, pero Snape resolvía le asunto cambiando el tema. Se podría decir que se hicieron amigos, aunque una amistad muy peculiar y a escondidas. En la biblioteca…
- Hola Harrington – Dijo Snape sonriéndole ligeramente - ¿Haciendo tareas?
- Hola Severus, investigo para encantamientos, realmente soy mala para esto. No entiendo.
- ¿Me llamaste Severus? Nunca nadie lo ha hecho en Hogwarts
- No es gran cosa. Es tu nombre, ¿no?
- ¿Aun me odias? – Snape le miró odioso. Florence dejó su pergamino y levantó su mirada.
- Si, mucho – Dijo Florence sonriéndole. – Odio desmesurado.
- Entonces nada ha cambiado. – Snape se sentó a su lado a tratar de copiarse la tarea, pero Florence le indicó que empezara él por su cuenta. Hasta que James y su pandilla entraron al lugar.
- Hola Florence, ¿Qué hay?
- Hola James, estoy empezando a estudiar encantamientos.
- ¿Para que dulzura si ya de por si eres un encanto? – Dijo Sirius mientras guiñaba un ojo, Sirius había desarrollado una simpatía muy particular por ella. Ella no entendía aun porque. - ¿Sabes? Le gustas a Peter.
- Es mentira – Dijo Peter Pettigrew mientras enrojecía. Florence miraba desentendida y asqueada, Sirius le sonreía y ella no entendía de donde venía la confianza que ella jamás le había dado.
- ¿El empalagoso te trata bien? – Dijo James con una sonrisa
- Expelliarmus – Dijo Snape sin pleno aviso y James salió disparado a una biblioteca, tumbando todos los libros. Snape le sonrió con sorna y se fue con una sonrisa de satisfacción antes de que Sirius se le ocurriera contra atacarle, o que Lupin su otro amigo hiciera algo.
- ¿Por qué lo has hecho? – Dijo Florence cuando estaban en la sala común y encontró a Snape solo. – Lo han castigado sin necesidad.
- Eso le enseñara a medir esa bocota que tiene, a veces eso es necesario.
- ¿Te afecta lo que te dice James?
- ¿A quien le gusta que lo insulten? No me afecta, pero ellos van a saber quien soy realmente.
- Bueno, es tu decisión. Toma tu pergamino, lo dejaste en la biblioteca, deberías completarlo.
Conforme pasaba el tiempo Florence tuvo que alejarse de James, porque cada vez que se lo conseguía, Snape terminaba por hacerle o lanzarle algún hechizo. Y Snape pasaba con ella una gran parte del tiempo cuando no estaba con su pandilla. Lily la evitó un poco, y era normal, no podrían ser amigas en un clima tan tenso, Lily no se llevaba bien con James y menos con la pandilla de Slytherin.
Solo tenía a Eileen quien la escuchaba y le gustaba hablar demasiado. A veces hablaba demasiado. Otras veces hablaba con Snape y parecía llevársela bien. Cuando estaba solo sin sus amigos, podría jurar que Snape podía ser algo más amable e incluso llevar una conversación amena un buen rato, el chico era bastante inteligente y sabía bastantes cosas que ella ignoraba. Era su amigo, dos veces la había defendido de los insultos de Morgana, quien interpretada el retraimiento de Florence con arrogancia y le gustaba molestarla sin motivo. Todo comenzó cuando Snape le hacía la vida imposible pero ahora que Snape se comenzaba a llevar bien con ella, Morgana tenía la iniciativa de fregarle la paciencia por su cuenta.
Al llegar las vacaciones se habían escrito un par de veces, Snape en su casa modesta y Florence desde su mansión, su madre le traía otra lechuza. La chica tomó la carta, venía en un sobre negro con una serpiente verde, sin duda era Snape.
“Hola Harrington. ¿Cómo andas? Como si me importara, te escribía para saber si aun estás con vida, si te tienen bien en ese lugar: ¿Tu casa huele a dinero? Me cuesta aceptarlo, pero extraño un poco el colegio, es desastroso ver a Ivan besándose con Morgana, siempre lo hacen en mi casa a escondidas. ¿Tú lo has hecho? Nunca lo hagas, es desagradable a los demás. He aprendido nuevas maldiciones que usaré en Potter el próximo año, y si me lo impides las puedo usar en ti(estás advertida). He crecido un poco, soy el mas alto de todos, que desastre y sigo siendo delgado, maldita sea, ¡Odio los cambios! En fin espero noticias tuyas, para ver si me río un poco.
Severus Snape”
No podía evitar sonreír al saber que todo ese sarcasmo indicaba que su amigo estaba bien, era un poco duro y tenia que aceptarlo, le caía bien. Florence notaba como ella también cambiaba, su cuerpo también se había estirado, no era tan enana como su amigo decía, pero algo seguía igual: sus ojos. Muchos se asustaban al verlos, pero en ellos habitaba algo que asustaba a la gente de primeras y ella no entendía que ocurría con eso. Cómo era posible eso? sus ojos eran fríos y con ellos podía intimidar ¿Habría algo especial en esto?
El segundo año de Hogwarts le sentó mejor. Tras haber intercambiado cartas con Eileen y ser inseparables durante la época de exámenes ella se había convertido en su mejor amiga. Eileen siempre le veía el lado positivo a todo, esto aniumaba a Florence que por naturaleza era pesimista y algo negativa. En sus tiempos libres, ella practicaba maleficios con Snape, quien le enseñaba con gusto.
- Se pone la mano arqueada, sino nunca lo lograras, ¡adelante! – Decía mientras le enseñaba.
- Ya entiendo, arqueada, y luego hacia delante.
- Correcto, aprendes rápido Harrington. –Dijo Snape parándose delante de ella sonriéndole fríamente.
- Volvisuim – Florence le lanzó el maleficio a Snape y este le estalló la cara dejándole chamuscadas las cejas y los pelos de punta
- ¿Qué has hecho? – Snape estaba furioso
- Lo siento, no sabía que podría hacerlo… - Dijo ella sonriéndole nerviosamente.
- Necesitas practicar. ¿Puedo preguntarte algo?
- Ya lo has hecho.
- ¿Qué es lo que más te gusta hacer? En general. – Snape tomaba su mochila y caminaba hacía las mazmorras con su amiga.
- ¿A qué viene la pregunta? Bueno, muchas cosas, diría que me gusta volar en escoba, mi hermano Kyle me enseñó. También me gusta leer y… me gusta dibujar garabatos en las libretas.
- ¿Volar? ¿Por qué no entras al equipo de Quidditch?, hay dos vacantes: Guardián y buscador.
- Ninguna chica de Slytherin ha entrado en el equipo de Quidditch nunca, lo leí en Historia de Hogwarts.
- Eso es falso ¿No has oído de Barbara? Bueno, si así lo ves. Tengo que irme, Rosier me espera. Vamos a vengarnos de ese chico estorboso de Ravenclaw, Mundungus Fletcher.
- Te ganas muchos enemigos.
- Si, algo es algo. Nos vemos – Snape parecía realmente feliz de enseñarle todo eso a su “discípula”, aunque también disfrutaba de su compañía. Florence sabía que Snape pese a lo malcriado y malhumorado que pareciese, se preocupaba por ella, y que detrás de esa mascara se escondía un buen amigo.
Florence tuvo suerte al buscar un puesto en el equipo, pues luego de una prueba fue designada como buscadora, y se veía favorecida por ser liviana y delgada.
Su primer entrenamiento, fue exhaustivo y rápidamente logró la simpatía y el respeto por parte de los del equipo. Eran todos chicos, era la primera mujer en ocupar el puesto de buscadora en 50 años en su casa Slytherin, desde que la legendaria Barbara Beale había echo ganar al equipo de Slytherin durante 6 años seguidos.
Por las pocos fotos que había visto de Barbara, se notaba que no era muy agraciada, de mirada hosca, cabello sin volumen, cejas espesas y dientes torcidos, había llegado a ser muy popular y considerarse una leyenda del Quidditch. La biografía de Barbara había sido del interés de Florence, durante una sesión en la biblioteca…
“…como estudiante apenas resaltaba, con un conflicto emocional permanente, muchos considerarían a Barbara como un verdadero fenómeno, pero es fervorosamente recordada en sus días de Escuela, por su habilidad en la escoba y su rapidez. Su vida personal es un verdadero enigma, experta en pociones, luego de su vida estudiantil se descubrió que quebrantó al menos 50 reglas de Hogwarts, una de ellas fue la de realizar Filtros amorosos, pero nada de esto afectó que fuera una de los mejores jugadoras de la historia de este colegio, aunque poco se le mencione en el resto de las casas…”
Sin duda todos los personajes famosos de Slytherin habían causado controversia, por una parte el viejo Grindelwald que su padre le había mencionado, el gran hechicero Keeliam, Barbara Beale, Boris El desconcertado y otros, Florence se preguntaba si aquello era algún indicio. Algo le causaba inquietud desde el verano y había querido olvidarlo. Recordaba a su padre salir del salón de invitados junto a un anciano que vociferaba: "Ella será tu desgracia. ¿No sabes lo que debe ocurrir? Tu hija es la primera mujer nacida de un Harrington. Desgracia... Desgracia para ti y los tuyos". Ella solo había cerrado la puerta de su habitación mientras sujetaba su varita y cerraba sus ojos: "Eso no es verdad, eso no es verdad". Pero si era cierto, ¿Por qué sentía que la inquietud crecía?
Aquellos días estaban llenos de tareas y exámenes, no era para más y el frio de Noviembre empezó a pegar, junto a esto el primer partido de la temporada, Slytherin vs. Gryffindor.
- Espero que le ganes a los idiotas de Gryffindor, otro año siendo los campeones no me va a caber en la memoria – Decía Snape nervioso un día antes en la sala común.
- Haré lo que pueda, espero no distraerme ni ponerme nerviosa. Aun soy principiante.
- Potter estará allí, será muy difícil. Considerando lo mucho que te gusta. – Dijo Snape entre dientes.
- ¿Qué has dicho? No me gusta James, ¡Snape! Pegoste entrometido. – Florence le dio un empujón.
El día del partido llegó, los ánimos subían, tal como había dicho Snape, Potter estaría allí, era el cazador del equipo de Gryffindor (James era un ídolo, las chicas le sonreían y las parecía carismático, era bastante popular). El equipo de Gryffindor era uno de los mejores y tenía fama de ser invencible, pero este año el equipo de Slytherin tenía todas las de ganar también, con un nuevo cazador llamado Vince Morton y la nueva buscadora, eran nuevas probabilidades, aunque Florence sabría que gracias a la mala fama de Slytherin siempre tendrían el colegio entero en su contra.
Al ir a los vestidores se puso la túnica verde de Slytherin, tenía el corazón a millón y no había podido desayunar pese a las indicaciones de Eileen, no sabía como reaccionar y se sentía nerviosa, sería su primer partido, directamente la victoria de Slytherin dependía de ella además que sería la primera mujer desde Barbara Beale. Mucha presión que le ocasionaba dolor de cabeza y mientras esperaba se miró en el espejo que había en la pared del baño y notó sus ojos nerviosos irradiando una extraña vibra, ¿o serían ideas de ella? Su rostro era pálido aquel día, aunque no tan cetrino como su amigo Snape, los nervios empeoraban todo porque sentían dolor de estómago, su cabello negro parecía rebelde en las puntas caía ordenadamente hacía adelante y tuvo que recogérselo con una coleta para evitar que le tapara el rostro y respirando profundo tomó su escoba una "estrella fugaz", la mejor escoba de todas, regalo de su madre, en breve se reunió con el equipo. No se sentía para nada popular, ni mucho menos como una heroína como suelen sentirse los buscadores, amaba el Quidditch por lo que sentía mientras volaba en la escoba, pero odiaba que los ojos del todo el mundo estuvieran sobre ella de esa forma, era la presión de ganar. Era mucha presión. ¿Por qué cuernos se había metido en esto?
FIN DEL CAPITULO
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