Vergel

El encuentro — Chapter 1

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Aún recuerda con dicha aquella tarde en la que iba caminando por una nueva senda y se sorprendió al descubrir el jardín más hermoso que jamás haya conocido. No tenía una forma específica, se extendía hasta donde se podía ver y los colores que abundaban eran amplios y variados. No predominaba ninguno en particular era como una sinfonía de luz que brillaba desde la lejanía y embelesaba los sentidos, era sin duda el jardín más hermoso que había visto.

Miró hacia atrás como temeroso de apartarse demasiado de la ruta que había escogido, sin embargo el jardín era tan fastuoso que no podía dejar de darle una caminata aunque fuese pequeña. Recordó por donde había entrado y puso su primer pie en el verde césped que cubría todo el suelo, era suave como si estuviese caminando sobre una pila de almohadas. Empezó a caminar sin un rumbo exacto, simplemente se dejaba llevar por los colores como si estuviese en un río donde las flores y los olores fueran la corriente y sus ojos y nariz fuesen su bote. Había flores de todos los colores, amarillas, rojas, anaranjadas, azules, inclusive verdes como el que se ve en el mar cercano a la orilla. Ya no se preocupaba por devolverse y retomar el camino, lo que estaba viendo ameritaba quedarse más tiempo de lo que debía para disfrutar cada fragancia fugaz y duradera que llegaba ante sus ojos.

Un camino de piedra se formaba sobre el suelo lentamente sin que él se diera cuenta, y las lisas lajas que pisaba brillaban con la luz del sol que se ocultaba cerca del horizonte, un espectro de siete colores se formaba en sus ojos cuando veía al suelo, pequeñas piezas que parecían vidrios de colores se incrustaban entre las piedras y le daban un aspecto brillante al sendero. Nunca se preguntó hacia donde dirigía, confiaba ciegamente en las sensaciones que percibía con todos sus sentidos a la vez. A lo lejos, siguiendo el camino de piedra que se había formado, se podía divisar un montículo de piedras, una estatua quizá, pensó él mientras caminaba y se preguntaba de quién sería tal espectáculo.

Algunas plantas brillaban color oro con la luz del ocaso y variedades de pájaros llegaban a los árboles para piar dulcemente, colibríes tomaban del néctar de algunas flores y mariposas amarillas volaban sobre otras. La estatua, o lo que antes parecía una estatua, ya se encontraba más cerca. Apresuró el paso para llegar y saber qué era realmente, en esperanza de encontrar un indicio que le indicara a quién pertenecía este jardín, quien al menos se merecía unas felicitaciones. Por un momento sintió miedo pues se encontraba lejos de donde había llegado, pero no le preocupó mucho pues solo tenía que ir de vuelta por el camino de piedra.

No era una estatua, era una fuente, se erguía alta como un árbol de unos cinco o seis pies y lanzaba corros enormes hacia el cielo de vez en cuando. La forma humana que le había parecido ver en la fuende era el tallado de la misma, parecía un ángel con sus alas abiertas y con las manos un poco alzadas que sostenía donde caía el agua, sin embargo aún no estaba terminada, le faltaba la cara al parecer.

Parece un ángel, dijo y sonrió admirando el monumento y para su sorpresa una voz femenina le respondió suavemente, tienes razón, pero aún no está terminada. Exaltado miró a su izquierda y se percató que no se encontraba solo en ese jardín, había una mujer allí en el mismo lugar donde él estaba, en aquella plaza circular donde se encontraba la fuente con forma de ángel que echaba enormes cantidades de agua verticalmente. Sonrió para disimular la alteración y la vio fijamente, unos instantes después, viendo que la había visto demasiado, desenfocó la mirada de ella y finalmente dijo:

- Disculpe, solo andaba por su jardín porque me llamó la atención la hermosura con la que ha sido creado , todas las flores, plantas, aves, es como un paraíso aquí en esta tierra. Debo felicitarla por su obra, señora...Se detuvo para que ella le indicara su nombre, pero antes de responder le sonrió.

- El jardín no es mío, y no es necesario que me llame señora. Tampoco tienes porqué disculparte eres tan libre como yo de estar en este lugar y transitarlo como quieras.

- Sabe usted entonces a quién pertenece, ha de ser una persona espléndida, sin duda, amante de la naturaleza, un poco excéntrica, pero en definitiva tiene que ser un genio.

- No estoy segura de saber a quien corresponde la autoría de este edén, llegué por casualidad aquí y la hermosura de sus parejas me ha deslumbrado tanto que no he querido salir en una semana, de hecho estoy pensando en quedarme. Cerca de aquí encontré una cabaña tenía ropa que me servía y varias comodidades, me tomé la libertad de dormir allí unas noches, hasta que vuelva el dueño, luego veré la forma de recompensarlo... Es enorme –Dijo viendo a su alrededor- todos los días tomo caminos diferentes y llego a lugares distintos, a veces pienso que el jardín no comienza ni termina en ninguna parte.

Por un momento no supo qué le llamaba más la atención , el jardín o la joven muchacha que le hablaba en frente suyo. Se había dado cuenta que también ella era hermosa. Tomó el consejo e intentó no llamarla más señora, en todo caso era una mujer joven, de cara rozagante y de rasgos sutiles. Más aún le sorprendía que llevara una semana en aquel lugar, él había pensado solo dar una vuelta, mas no se había percatado que poco a poco la idea de la vuelta se había convertido en una idea de estadía.

- Realmente quisiera conocer más el lugar pero aún no sé si disponga de tiempo para ello. Podría aceptar en todo caso que me guiaras por algunos de los parajes que más te hayan gustado y me los enseñes. De cualquier manera puedo regresar otro día y visitarlo poco a poco hasta conocerlo completamente, y hasta que conozca su dueño.

- También estoy ansiosa por saber quién es el maestro creador de todo esto, pero por ahora me conformo con haber encontrado una persona en este lugar, me estaba empezando a sentir sola, yo siempre he dicho que las cosas que se comparten siempre resultan más espléndidas. Con gusto te enseñaré lo poco que conozco del lugar, pero debo pedirte que se quede esta noche, está oscureciendo y no creo que pueda mostrarte todo, además no me gustaría que regresaras por el largo camino de piedra en la noche, no deseo que te pierdas. - Lo meditó él por enos momentos mientras observaba el paisaje, la luz del sol apenas ya iluminaba el agua que subía al cielo se pintaba de color naranja oscuro y a veces rosado como producto de la poca luz. Finalmente ella agregó- En la cabaña hay otra habitación y creo que no será inconveniente que te quedes allí esta noche.

No pudo más que aceptar la proposición, intercambiaron una mirada y una sonrisa y se pusieron en marcha, ella conocía el camino y como si tuviera miedo a perderse, como un niño la tomó de la mano sin saber porqué, era el ambiente, era el aroma, era la persona que tenía a su lado.